jueves, 3 de diciembre de 2015

Cuando ya no puedo.

Llevaba varias semanas queriendo escribir. Me surgían ideas bajo la ducha, pensamientos que completaban frases complejas. Tengo mucho que dar, me decía, existen sentimientos en mí que necesito arrancar, sacarlos de mi corazón. Estos últimos meses, en los que he roto mi promesa (como siempre) de escribir todos los días, han sucedido cosas que deseas que no ocurran nunca.

Empezaré, como siempre se debe empezar cualquier historia, por el principio. Hace tiempo que mi abuelo se encontraba en un pésimo estado físico y mental, empezaba a perder la cabeza y su cuerpo se iba deteriorando lenta pero inexorablemente. Pasado el verano, su cuerpo decidió descomponerse, y como si se tratara de un trapo ya usado, acabó en un hospital en el que cada segundo de su vida se convirtió en una tortura. Una mascarilla que le obligaba a respirar y los medicamentos mantenían con vida  a una persona que ya había decidido morir. No sabemos si fue un milagro o una condena que el médico nos dijera que le quedaba un día de vida y al final, ese día, terminó siendo un mes. El dolor era tan inmenso para nosotros como el alivio que existe para aquellas personas que tenemos fé. Está en un sitio mejor, nos repetíamos aunque la idea de perderle aún no la habíamos conseguido asimilar.
La muerte, por desgracia, no es un hecho novedoso para mí, es injusto que tus abuelos te vean nacer y crecer y tu tengas que presenciar su muerte. Pero, a fin de cuentas, es la vida. Me pregunto, ahora que no está, si fue feliz su vida, temo una posible negativa como respuesta.

Tras esa despedida empapada de un dolor que aún no he conseguido expulsar de mi cuerpo, llega la montaña rusa de la vida que continua, a pesar de todo, siempre hacia delante. Para hacer como si nada me llevo 14 horas fuera de mi casa, mirando las caras a unos compañeros que adoro y conozco más que a mi propia familia, por los que siento un auténtico aprecio. Y al final de cada día llego a mi casa destrozada y así, un día, otro y otro más. Sintiendo en mí cómo poco a poco se va formando un oscuro agujero sin fondo no sirvo para nada. No aporto nada. Soy un bulto en esa habitación. Sólo sirvo para asentir y escribir lo que los demás me dictan. No cumplo mi función. No soy creativa. Deberían deshecharme como si fuera una toalla usada. Es deprimente enfrentarte a una oportunidad de simulación de un trabajo y descubrir que no eres válido. No pasa nada, como ocurre en el caso anterior, ya estoy acostumbrada. No es la primera vez que me decepciono, que siento vacío en lugar de miles de ideas maravillosas. Y sigo pasando 12, 13 e incluso 14 horas fuera de casa. Arrastrando cansancio hasta que llega el fin de semana, y sigo fuera de casa. Y así, hasta ayer. Creemos que el cuerpo es eterno y nos centramos en nuestra mente hasta que llega el inevitable final.

Ayer mi cuerpo me advirtió. Gema, para. Estaba viendo Sinsajo Parte 2 (sí, no soy muy fan de la saga pero me he leído todos los libros y visto todas las películas, tenía cierta ilusión por esta última porque hay escenas que quería ver cómo eran representadas físicamente y no imaginariamente) y me empecé a sentir fatal. Es extraño que sea cuando nos relajamos el momento en el que afloran la angustia y la ansiedad. Tuve que salirme cuando aún quedaba media hora de la película (ni si quiera vi la parte que quería ver) me encontraba fatal. He sentido que me asfixiaba, que mi cuerpo ardía y mi estómago se encogía hasta tal punto que hacía bailar a mi corazón, simulando salirse de mi pecho. Obviamente he tomado una decisión: no quiero volver a sentirme así. No quiero que la ansiedad se apropie de mí. Ya tengo demasiados sentimientos negativos como para acumular alguno más.

Ha llegado el momento. Mi momento. Se acabaron las 14 horas fueras de casa. Los viajes interminables en autobús. Se acabó sentirse mal. Aquí finaliza una etapa. Borraré esa triste sonrisa y la sustituiré por una dosis de positivismo. Y es que hay momentos en la vida en el que o ves el lado bueno de las cosas o te acabas suicidando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cute White Flying ButterflyCute White Flying Butterfly