lunes, 31 de julio de 2023

A aquella persona que se fue y no volvió

 A aquella persona que se fue y no volvió le deseo lo mejor que hay en este mundo. A aquel que lloró de risa hasta caer rendido, que llenó mi cielo de estrellas donde brillan recuerdos compartidos. A aquel que ya no está, espero que haya conseguido todas las metas que compartía en las noches de confidencias, cuando éramos más niños y se nos permitía soñar un poco.

A esa persona que se fue, sólo decirle que se llevó con ella todos los momentos donde nos sentíamos invencibles, todas las tardes de verano jugando a videojuegos, todas las charlas vacías cargadas de secretos. 

A esa persona que se fue, mi hermano, mi confidente. Ya no sé quién es. Miraría unos ojos vacíos donde ya no se reflejaría su alma. Y sé que llegará un día, en el que vaya a cruzar una carretera y esté al otro lado. Y no nos miremos. Y no nos digamos nada. Sólo crucemos como si nunca hubiéramos sido dos personas que compartieron todo, como si no nos hubiéramos abierto en canal y desgranado cada partícula de nuestro ser.

Como si todo hubiera sido un sueño del que tuvimos que despertar tras unos años. Ya sólo somos dos cáscaras vacías de chicharras pegadas a un árbol, a las que la más mínima brisa destroza convirtiéndolas en nada o tal vez en todo lo que fuimos. Polvo desintegrado que desaparecerá para siempre en la inmensidad del universo.

Ahora ya sólo quedan las fotos que se hacen viejas con los años, como si fueran a morir un día. Y los recuerdos cada vez más idealizados.

Mentiría si dijera, a esa persona que ya no está, que no he llorado su ausencia, que no he echado terriblemente de menos su recuerdo. Algo de mí se quedó para siempre con ella, no sé si muriendo o viviendo de otra forma.

Miro los juegos a los que solíamos jugar, a veces me aparecen memes que me recuerdan terriblemente a ella. Y vídeos que le hubiera mandado sin dudarlo. Qué doloroso es, esa sensación, como una sombra alargada recorriendo mi alma hasta dejarla en completa oscuridad, al descubrir que no puedo darle al botón de enviar. Y su recuerdo acaba inundándolo todo.

A aquella persona que se fue, porque quiso irse, sólo decirle que sé que se fue para perderse en sí misma. Decirle que sé que ya está perdida y que nadie va a poder sacarla del laberinto de pensamientos que ella misma ha construido.

A esa persona que se fue, sólo le deseo tardes de primavera, noches de juegos de mesa y mañanas cargadas de risa. Una cerveza fría en la mano. Mirarse al espejo y reconocerse. Saber quién es. Y que cuando haya recorrido todos los rincones de su ser, cuando haya destrozado y construido todo de ella, a esa persona, le sigo esperando. Le sigo esperando con un ramo cargado de esperanza y una mirada de nostalgia.

Sigo esperando como si fuera alguien que va a recogerla del aeropuerto, con un cartel con su nombre por si cuando volviera se hubiera perdido tanto que ya ni supiera quién fue.

Y si no vuelve nunca, le deseo todo lo bueno. Eso sí, si pudiera ser, que me devolviera todo el amor que deposité en ella, que los buenos recuerdos ya los guardo yo con las esperanza de que nunca mueran, haciendo eterno todo lo que fuimos tu y yo cuando fuimos tu y yo.

domingo, 12 de junio de 2016

Quien sabe

A veces quisiera simplemente llorar. Dejar de buscar palabras de consuelo. Arrinconarme ante mi derrota y lamerme las heridas que yo misma provoqué. Días en los que no deseo otra que cosa que simplemente no existir, o hacerlo desde otro cuerpo, otra vida distinta. Ser una hormiga, que sabe su función o un lobo feroz, que se mueve por instinto. Librarse del mal de los pensamientos y la pesadumbre de la razón. Dejar atrás las imposiciones sociales y los trabajos que ya se inventaron. Es duro ser humano, tener conciencia de lo que eres, de lo que pudiste haber sido y de lo que jamás serás.

Mi vida se ha convertido en un continuo torbellino de malas decisiones en las que me fustigo sobrecargándola y refugiándome en mí misma. Estoy tan cansada de estar cansada, tan harta de la losa que reposa en mi espalda ¿cuándo terminará este viaje, o esta etapa?

Tal vez cuando deje el camino atrás y se borren mis huellas, echaré de menos la losa, el cansancio, la pesadez de la conciencia y las personas que hicieron ameno el trayecto. Quien sabe.

martes, 31 de mayo de 2016

La sombra

Cuentan las antiguas leyendas que la sombra que proyecta el hombre es un reflejo de todo aquello que dejó atrás. En ella viven las desilusiones y los desamores, las cosas que decidimos abandonar, el miedo y la inseguridad. Nunca puede vivir como un ser independiente debido a su naturaleza parásita, por eso es imposible deshacerse de nuestra propia sombra. No obstante, algunos sabios escritores afirman que su grosor, longitud y consistencia varía en función de dónde se encuentre el punto luminoso. La luz, elemento contrario a la sombra, es el fulgor de todos nuestros sueños y posibilidades. Es el primer beso y el sonido de nuestra risa. En ella late nuestro corazón, deseos y parte del alma. Es donde se esconden las metas y objetivos, aquello en lo que queremos convertirnos y lo que somos.  Por lo tanto, cuanto más nos acerquemos a ella, más pequeña se hará nuestra sombra. Sin embargo, nunca hay que acabar con el espacio que separa ambos elementos, pues sin la sombra no somos más que un mero reflejo del alma y sin la luz no somos nada.

lunes, 2 de mayo de 2016

Volverán las golondrinas, sus nidos a colgar

Sólo puedo empezar estas palabras haciendo referencia directa a la crueldad humana unido al instinto animal. 
Desde que tengo conocimiento de la existencia de otras cosas a parte de mi propio ser, recuerdo cómo las golondrinas cada año inundaban nuestro barrio, danzando en aire como bailarinas profesionales al son de la música de sus cantos. Habíamos sido afortunados de que una se instalara en el portal de nuestra otra casa. Al no vivir allí, tan sólo disfrutábamos de verla ir y venir en un continúo vuelo, y del piar de sus crías en ese perfecto nido. Así, generación tras generación hasta que llegó el horror. La masacre venida, como ocurre en la mayoría de los casos, de la mano humana tuvo lugar recientemente. La última generación de aquellas golondrinas que presumían de su libertad ante la esclavitud humana de no poder volar, fue masacrada ferozmente a causa de simples gustos estéticos. He de admitir que fue mi propia familiala que rompió el frágil pero perfecto nido, dejando sin hogar en plena época de apareamiento a la pobre golondrina. 
Ahora, sigue volviendo, sola y sin refugio, al quicio de la puerta. El instinto hace que su sufrimiento se perpetúe, imposibilitando la búsqueda de hogar más allá de aquel umbral. Se me rompe el alma al verla acurrucada, sin pareja y mucho más pequeña de lo normal e incluso desplumada. Te mira con miedo, desde el pequeño quicio al que ha logrado sujetarse a base de equilibrio. Y pienso. Se morirá, sin haber probado lo que sus antepasados hicieron. Puedo escuchar cómo sufre por dentro y sentir cómo su alma se ha roto, porque le falta algo, pero no puede razonar el qué. Aún así, cada mañana, la golondrina vuela de nuevo, sin ningún propósito ya, simplemente para demostrarnos la superioridad animal frente las adversidades que le imponen los humanos. 

sábado, 30 de abril de 2016

Los ojos del que miran

Parece que sólo siento la imperiosa necesidad de escribir cuando las emociones me desbordan. Tal vez sean los recuerdos que amenazan con desaparecer o los flashback que me hacen revivir el ayer. Me veo sola, en el patio de mi colegio. Es curioso lo grande que parecen las cosas cuando tu eres tan pequeño. El albero cubre mis pies y llena la rojiza cancha de una película de polvo. Todos los niños juega, chillan y se arrojan balones. Parece que el mundo seguiría igual, estuviera yo o no. Estoy sola, bebiendo un zumo de naranja, que llenará mi paladar hasta el almuerzo. Nadie sabe que existo y si se percatan de mi presencia finjen no hacerlo. Miro cómo juegan a saltar la comba, al pillar y al matar (lanzar la bola unos a los otros con intención de darse). Recuerdo muy nítidamente a diez niños jugando a este último juego e imaginarme siendo una niña integrada, esquivando la pelota y lanzándola con furia cuando consiguiera atraparla. Desee con fuerza ser normal, dejar de estar sola todos los recreos, dejar de dar vueltas sin parar de imaginar cómo sería jugar con los demás. Fue en ese instante de debilidad humana cuando comprendí el porqué de mi soledad, me gustaba imaginar más que vivir.
Tuve amigos, rostros que ya se borraron y otros que aún llenan las fotografías de mi habitación.  Viví cosas normales con gente normal y cosas poco corrientes. Pensé durante mucho tiempo que esa niña que andaba sola durante los recreos por fin había satisfecho su sed de socializar. Busqué amigos en todos lados y de todas clases. Entregé mi corazón y mis ganas de vivir a todo aquel en el que se reflejaran esos ojos, ese brillo, del ser que grita en su interior querer jugar con otros niños.
No consigo borrar esos recuerdos y espero que nunca logre eliminarlos, al igual que ahora siento que esa niña duerme dentro de mí, soñando, no con lo que ha imaginado, sino con lo que ha vivido.

domingo, 10 de abril de 2016

Querer querer

La luz del sol lame su rostro, aún joven. La barba incipiente genera puntiagudas sombras en su tersa barbilla, otorgándole oscuridad a la blancura de su piel. La mirada verde penetrante descansa, plácida, en el infinito del horizonte. El aire huele a hierba recién cortada y no hace ni frío ni calor. Las palabras vacías llenan el tiempo que transcurre, cubriéndonos con el manto de lo efímero, sin cesar. Y es en este instante, en el que le miro sin ver, en el que siento que quiero sentirle. Es ahora, entre las sombras de las nubes que proyectan inimaginables siluetas en nuestros cuerpos, ahora, entre las risas, las caricias y los besos, cuando me impulso hacia el sentimiento. Como si la razón lanzara a mi corazón a hacer lo correcto, a querer quererle. Me descubro, contemplándole y analizándole como si se tratara de una obra que un artista despreocupado un día decidió abandonar aún a medio hacer. El color miel de sus labios sonríe, derritiéndose entre sus dientes, y siento una leve descarga en la nuca. El vello decide erizarse y hacer la ola ante nuestra superflua felicidad, ante ese impulso de la conciencia a querer quererle.

viernes, 8 de abril de 2016

Mi making of

La perspectiva de cómo viví yo esos intensos y duros pero divertidos días de grabación.


Cute White Flying ButterflyCute White Flying Butterfly