martes, 31 de mayo de 2016

La sombra

Cuentan las antiguas leyendas que la sombra que proyecta el hombre es un reflejo de todo aquello que dejó atrás. En ella viven las desilusiones y los desamores, las cosas que decidimos abandonar, el miedo y la inseguridad. Nunca puede vivir como un ser independiente debido a su naturaleza parásita, por eso es imposible deshacerse de nuestra propia sombra. No obstante, algunos sabios escritores afirman que su grosor, longitud y consistencia varía en función de dónde se encuentre el punto luminoso. La luz, elemento contrario a la sombra, es el fulgor de todos nuestros sueños y posibilidades. Es el primer beso y el sonido de nuestra risa. En ella late nuestro corazón, deseos y parte del alma. Es donde se esconden las metas y objetivos, aquello en lo que queremos convertirnos y lo que somos.  Por lo tanto, cuanto más nos acerquemos a ella, más pequeña se hará nuestra sombra. Sin embargo, nunca hay que acabar con el espacio que separa ambos elementos, pues sin la sombra no somos más que un mero reflejo del alma y sin la luz no somos nada.

lunes, 2 de mayo de 2016

Volverán las golondrinas, sus nidos a colgar

Sólo puedo empezar estas palabras haciendo referencia directa a la crueldad humana unido al instinto animal. 
Desde que tengo conocimiento de la existencia de otras cosas a parte de mi propio ser, recuerdo cómo las golondrinas cada año inundaban nuestro barrio, danzando en aire como bailarinas profesionales al son de la música de sus cantos. Habíamos sido afortunados de que una se instalara en el portal de nuestra otra casa. Al no vivir allí, tan sólo disfrutábamos de verla ir y venir en un continúo vuelo, y del piar de sus crías en ese perfecto nido. Así, generación tras generación hasta que llegó el horror. La masacre venida, como ocurre en la mayoría de los casos, de la mano humana tuvo lugar recientemente. La última generación de aquellas golondrinas que presumían de su libertad ante la esclavitud humana de no poder volar, fue masacrada ferozmente a causa de simples gustos estéticos. He de admitir que fue mi propia familiala que rompió el frágil pero perfecto nido, dejando sin hogar en plena época de apareamiento a la pobre golondrina. 
Ahora, sigue volviendo, sola y sin refugio, al quicio de la puerta. El instinto hace que su sufrimiento se perpetúe, imposibilitando la búsqueda de hogar más allá de aquel umbral. Se me rompe el alma al verla acurrucada, sin pareja y mucho más pequeña de lo normal e incluso desplumada. Te mira con miedo, desde el pequeño quicio al que ha logrado sujetarse a base de equilibrio. Y pienso. Se morirá, sin haber probado lo que sus antepasados hicieron. Puedo escuchar cómo sufre por dentro y sentir cómo su alma se ha roto, porque le falta algo, pero no puede razonar el qué. Aún así, cada mañana, la golondrina vuela de nuevo, sin ningún propósito ya, simplemente para demostrarnos la superioridad animal frente las adversidades que le imponen los humanos. 
Cute White Flying ButterflyCute White Flying Butterfly