Parece que sólo siento la imperiosa necesidad de escribir cuando las emociones me desbordan. Tal vez sean los recuerdos que amenazan con desaparecer o los flashback que me hacen revivir el ayer. Me veo sola, en el patio de mi colegio. Es curioso lo grande que parecen las cosas cuando tu eres tan pequeño. El albero cubre mis pies y llena la rojiza cancha de una película de polvo. Todos los niños juega, chillan y se arrojan balones. Parece que el mundo seguiría igual, estuviera yo o no. Estoy sola, bebiendo un zumo de naranja, que llenará mi paladar hasta el almuerzo. Nadie sabe que existo y si se percatan de mi presencia finjen no hacerlo. Miro cómo juegan a saltar la comba, al pillar y al matar (lanzar la bola unos a los otros con intención de darse). Recuerdo muy nítidamente a diez niños jugando a este último juego e imaginarme siendo una niña integrada, esquivando la pelota y lanzándola con furia cuando consiguiera atraparla. Desee con fuerza ser normal, dejar de estar sola todos los recreos, dejar de dar vueltas sin parar de imaginar cómo sería jugar con los demás. Fue en ese instante de debilidad humana cuando comprendí el porqué de mi soledad, me gustaba imaginar más que vivir.
Tuve amigos, rostros que ya se borraron y otros que aún llenan las fotografías de mi habitación. Viví cosas normales con gente normal y cosas poco corrientes. Pensé durante mucho tiempo que esa niña que andaba sola durante los recreos por fin había satisfecho su sed de socializar. Busqué amigos en todos lados y de todas clases. Entregé mi corazón y mis ganas de vivir a todo aquel en el que se reflejaran esos ojos, ese brillo, del ser que grita en su interior querer jugar con otros niños.
No consigo borrar esos recuerdos y espero que nunca logre eliminarlos, al igual que ahora siento que esa niña duerme dentro de mí, soñando, no con lo que ha imaginado, sino con lo que ha vivido.
sábado, 30 de abril de 2016
domingo, 10 de abril de 2016
Querer querer
La luz del sol lame su rostro, aún joven. La barba incipiente genera puntiagudas sombras en su tersa barbilla, otorgándole oscuridad a la blancura de su piel. La mirada verde penetrante descansa, plácida, en el infinito del horizonte. El aire huele a hierba recién cortada y no hace ni frío ni calor. Las palabras vacías llenan el tiempo que transcurre, cubriéndonos con el manto de lo efímero, sin cesar. Y es en este instante, en el que le miro sin ver, en el que siento que quiero sentirle. Es ahora, entre las sombras de las nubes que proyectan inimaginables siluetas en nuestros cuerpos, ahora, entre las risas, las caricias y los besos, cuando me impulso hacia el sentimiento. Como si la razón lanzara a mi corazón a hacer lo correcto, a querer quererle. Me descubro, contemplándole y analizándole como si se tratara de una obra que un artista despreocupado un día decidió abandonar aún a medio hacer. El color miel de sus labios sonríe, derritiéndose entre sus dientes, y siento una leve descarga en la nuca. El vello decide erizarse y hacer la ola ante nuestra superflua felicidad, ante ese impulso de la conciencia a querer quererle.
viernes, 8 de abril de 2016
Mi making of
La perspectiva de cómo viví yo esos intensos y duros pero divertidos días de grabación.
domingo, 3 de abril de 2016
Yo me lo guiso, yo me lo como
Esto se ha convertido en un acto de Juan Palomo. No sé si se debe a mi falta de carisma natural o a que el contenido que produzco es de muy baja calidad. De todas formas seguiré, invirtiendo un tiempo que ya no volverá y con las ganas propias de la juventud. Subiré próximo vídeo, para quien quiera verlo...pero eso será cuando solucione los problemas que tengo con el premiere de mi alma. Bueno, hay que seguir hacia adelante porque nada es imposible. Lo único imposible es aquello que no intentas.
viernes, 1 de abril de 2016
Hace tiempo...
Hace tiempo que no me enfrento a la blancura de un folio, a la desnudez de un alma pura. Hace tiempo que no corrompo su inmaculado aspecto con las confusas líneas de unas letras que acaban conformando inconexas palabras. Hace tiempo que no respiro, sintiendo cómo hacerlo, que escucho sin oír aquella melodía que lame el corazón y calienta las entrañas.
Antiguos personajes ya olvidados resucitan en mi mente mirándome con sus fantasmagóricos ojos, susurrando nombres que un día concebí y contando historias derretidas en un papel. Qué será de aquellas invenciones que abandoné en un cajón. Qué será de ellos, criaturas imaginarias, que ahora flotan en la espesura de mi mente. De sus vidas, inexistentes. De sus corazones donde late la tinta que los describía. Hace tiempo que lo olvidé. Borré sus vidas, sus recuerdos y sus rostros. Pero ahora, resurgen de la espesura de mis recuerdos para susurrarme, sin voz, de forma enfermiza: escribe, haznos vivir entre líneas y palabras, en la inmaculada blancura del papel.
Antiguos personajes ya olvidados resucitan en mi mente mirándome con sus fantasmagóricos ojos, susurrando nombres que un día concebí y contando historias derretidas en un papel. Qué será de aquellas invenciones que abandoné en un cajón. Qué será de ellos, criaturas imaginarias, que ahora flotan en la espesura de mi mente. De sus vidas, inexistentes. De sus corazones donde late la tinta que los describía. Hace tiempo que lo olvidé. Borré sus vidas, sus recuerdos y sus rostros. Pero ahora, resurgen de la espesura de mis recuerdos para susurrarme, sin voz, de forma enfermiza: escribe, haznos vivir entre líneas y palabras, en la inmaculada blancura del papel.
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