No veo justificación alguna de la existencia de los test como método de evaluación, pienso que es uno de los pocos sistemas donde el que menos sabe tiene una altísima probabilidad de aparentar poseer grandes conocimientos y el que sabe, de equivocarse. Me entran ganas de decirle a todos esos profesores que los hacen para corregir más rápido...Miren señores, yo es que quiero explayarme, escribirles la Biblia en verso, si me permite, y después vosotros, en vuestra infinita misericordia, ya deciden si ponerme un 0 o un 10 pero, desde luego, jamás sabrán cómo escribo si lo único que me dejan plasmar es un círculo que señala una opción a priori correcta. Les da igual que el alumno sepa o no escribir, o si tiene errores ortográficos (que los tengo, sin ninguna duda). En fin, queridos míos, esta es la Universidad del siglo XXI, en la cual el más tonto parece listo y el listo a veces se las da de tonto, yo me hallo desafortunadamente entre los dos caminos.
lunes, 25 de enero de 2016
El día de mañana
Mañana tengo mi último examen de este cuatrimestre. Tipo test (en español tiene sentido la distinción de esta tipología pero en inglés resulta absurdo pues sería decir algo así como examen tipo examen), de 30 minutos, 25 preguntas, tres o cuatro opciones, según le venga en gana al profesor, con una única respuesta correcta. Los odio. Los exámenes en los que no puedes escribir para justificar y defender que no eres retrasado mental. No poder desarrollar lo que sé, dejarme evaluar lo que he estado haciendo durante el curso en media hora en la que relleno una plantilla prefijada. El hecho de que sean del tipo de examen que peor se me da suma puntos a mi contrariedad.
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