viernes, 22 de enero de 2016

El roce de la perfección

Hacía meses que se anunciaba el final, lo notaba en la electricidad que a veces lleva el aire al mover las hojas y en las falsas sonrisas de las personas. También lo supe porque me miré al espejo y era la primera vez que me sentía plena. Tal vez por eso llegó la decadencia, porque ya había tocado el techo de mi mundo, había sobrepasado el cielo y estaba tan completa que la única salida para seguir adelante era bajar. Pero cómo me hubiera gustado seguir flotando, aunque fuera tan sólo unos días más. No obstante, como todo en la vida, fue efímero. Es duro darse cuenta de que has llegado a la plenitud de tu vida, pues te hace ser consciente de que lo único que queda es un vertiginoso descenso.

Recuerdo a la perfección aquel instante de satisfacción rodeado por un místico halo de felicidad. De repente, el aire era más cálido, la luz se tornó a suave y todo olía a perfección. Mi cuerpo era mío y se encontraba en el estado físico que deseaba. Mi mente era mía, sabía perfectamente quién era y quién quería llegar a ser. Me sentía embriagada de felicidad. Estaba enamorada de la vida y, por primera vez, me sentía correspondida. Pero el noviazgo duró poco.

Pronto caí enferma, y mi cuerpo, dejó de ser mío. Comencé a entrar en una vertiginosa espiral de responsabilidades innecesarias y cargas sobrehumanas, y mi mente, dejó de ser mía. Se desencadenaron las catastróficas desdichas y la felicidad empezó a parecerme irreal.

Ya no recuerdo aquel reflejo, ni aquella sensación de apogeo de finales del pasado verano. Y si llegan a mi cansada y torpe memoria algunos restos de ese momento, me hundo en una terrible infelicidad que desemboca en infantiles llantos de envidia y deseo. ¿Por qué dura tan poco la perfección?

Querría vivir rozando la eternidad de ese momento y poder reírme de todo un día, como un adulto se ríe cuando crece de las cosas que de niño temía. Me encantaría despertarme y volver a sentir mi cuerpo y mi mente como algo mío. Es lógico que me pasen cosas terribles, porque la vida es así, a veces vienen situaciones que no nos gustan pero tenemos que sobreponernos a ellas porque, en el fondo, pensamos que nos pasan porque somos capaces de superarlas. Me pregunto qué vendrá más allá, si lograré volverme a ver así, rozando la plenitud de mi existencia. 

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