Esto era algo que quería decir mucho antes de acabar De la
clase a la cuenta, pero como ya sabéis yo siempre hago todo tarde pero bueno,
más vale tarde que nunca. Tenía claro que quería publicarlo, para todos, pasara
lo que pasara.
Empezaré diciendo que si tengo que mencionar todas las veces
que me arrepiento de arrepentirme no acabaría nunca y es que comprendí, tarde
(como siempre), lo que realmente era De la clase a la cuenta. Acostumbrada al
aprendizaje tradicional en el que el profesorado recita una lección que luego
debes de plasmar en un papel, se me antojaba extraña y confusa la forma de
aprender en el curso. Me recuerdo decepcionada, esperando más master class y
más teoría, pero entonces entendí. Ya
muy cerca del final, al echar la vista atrás, me di cuenta de lo que había
aprendido realmente, de experiencias que nunca se olvidan porque me han hecho
crecer como persona. Eso era a lo que se refería la gente cuando se les
iluminaba la mirada al hablar de este curso, ellos ya antes de empezar ya
sabían de lo que yo, muchísimo más tarde, me percataría. Es un baño de realidad
que otorga una posibilidad que ninguna clase jamás iba a darnos, la oportunidad
de enfrentarnos al mundo real, ese de que se habla entre líneas en los apuntes pero
que poco o nada se parece a lo que la teoría dictamina. Nos enseña lo duro y,
al mismo tiempo, satisfactorio que es trabajar, constantemente, sin parar.
Y sabía, perfectamente y sin lugar a dudas, que si me
embarcaba en esta aventura sería con vosotros, Alejandro, Alex, Belén y Celia, mis compañeros en este viaje
desde primero de carrera. Como ya os dije antes de presentar, justo cuando nos
abrazamos entre nervios y emoción, ya sentía que éramos ganadores. Ganadores de
experiencia, de superar innumerables retos y complicaciones, de ser cómplices
en las noches en las que ninguno, a pesar de la distancia, podíamos dormir. He
de confesar que me siento ladrona de vuestra experiencia, de haber aprendido de
vosotros más de lo que tal vez hayáis aprendido de mí. Ahora, con la
perspectiva del tiempo, veo lo que antes no veía al estar ciega por el estrés y
el ritmo frenético, somos una unidad que hemos vencido al cansancio y la
desesperación.
Sería una idiota si intentara mentiros en algo, pues hemos
llegado a tal grado de confianza que hasta a veces, creo que nuestros
pensamientos se exponen entre nuestras miradas furtivas sin necesidad de
palabras. Por consiguiente, sería estúpido decir que todo fueron risas y
felicidad. Hubo muchas noches en las que deseé abandonar, abrumada por una
responsabilidad que me asfixiaba. He llorado a oscuras incapaz de conciliar el
sueño, he tenido que tomar pastillas para dormir, superar la ansiedad y me he
puesto enferma tantas veces que ni lo recuerdo. Me he sentido decepcionada,
vacía pero, durante la producción y postproducción por fin me di cuenta,
desperté, empecé a ver la luz en las tinieblas. Por fin logré entender el
objetivo y la meta, el porqué estaba haciendo esto. Por fin comencé a sentirme
ganadora. A comprender que no hay mejor recompensa que la satisfacción ante un
trabajo propio. Que no hay mayor premio que el de haber decidido crecer,
juntos. El de haberme ayudado a madurar, incluso cuando no quería. El de
haberme hecho despertar y hacerme sentir realmente feliz. Porque gracias a
vosotros, es la primera vez en toda mi vida que he llorado de felicidad. Y por
supuesto, que ha habido momentos felices que nos han ayudado cuando todo
parecía oscuro.
A pesar de que las gracias siento que se me queda corta para
demostraros la gratitud que siento…muchísimas gracias equipo. Hemos sido
estrategas, creativos, cuentas, productores y artistas. No olvidéis que este no
es el fin del camino, es el comienzo.
Y gracias ahora, porque puedo decir sin tapujos que,
finalmente, no me arrepiento.

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