domingo, 10 de abril de 2016
Querer querer
La luz del sol lame su rostro, aún joven. La barba incipiente genera puntiagudas sombras en su tersa barbilla, otorgándole oscuridad a la blancura de su piel. La mirada verde penetrante descansa, plácida, en el infinito del horizonte. El aire huele a hierba recién cortada y no hace ni frío ni calor. Las palabras vacías llenan el tiempo que transcurre, cubriéndonos con el manto de lo efímero, sin cesar. Y es en este instante, en el que le miro sin ver, en el que siento que quiero sentirle. Es ahora, entre las sombras de las nubes que proyectan inimaginables siluetas en nuestros cuerpos, ahora, entre las risas, las caricias y los besos, cuando me impulso hacia el sentimiento. Como si la razón lanzara a mi corazón a hacer lo correcto, a querer quererle. Me descubro, contemplándole y analizándole como si se tratara de una obra que un artista despreocupado un día decidió abandonar aún a medio hacer. El color miel de sus labios sonríe, derritiéndose entre sus dientes, y siento una leve descarga en la nuca. El vello decide erizarse y hacer la ola ante nuestra superflua felicidad, ante ese impulso de la conciencia a querer quererle.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario