martes, 31 de mayo de 2016
La sombra
Cuentan las antiguas leyendas que la sombra que proyecta el hombre es un reflejo de todo aquello que dejó atrás. En ella viven las desilusiones y los desamores, las cosas que decidimos abandonar, el miedo y la inseguridad. Nunca puede vivir como un ser independiente debido a su naturaleza parásita, por eso es imposible deshacerse de nuestra propia sombra. No obstante, algunos sabios escritores afirman que su grosor, longitud y consistencia varía en función de dónde se encuentre el punto luminoso. La luz, elemento contrario a la sombra, es el fulgor de todos nuestros sueños y posibilidades. Es el primer beso y el sonido de nuestra risa. En ella late nuestro corazón, deseos y parte del alma. Es donde se esconden las metas y objetivos, aquello en lo que queremos convertirnos y lo que somos. Por lo tanto, cuanto más nos acerquemos a ella, más pequeña se hará nuestra sombra. Sin embargo, nunca hay que acabar con el espacio que separa ambos elementos, pues sin la sombra no somos más que un mero reflejo del alma y sin la luz no somos nada.
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