Muchas veces siento que todo está cuesta arriba. Que el futuro es incierto, como una vorágine de extraños sucesos llenos de oscuridad. El principio siempre es difícil y el final, parece que sale solo y nunca llega. En la vida las primeras veces siempre todo sale mal, uno se equivoca y convierte lo extraordinario en ordinario.
Cada vez que empiezo algo lo veo terrible, me da miedo cómo puede terminar pero me motiva la curiosidad de descubrirlo. Ahora, en las puertas de un nuevo cuatrimestre, el último de mi carrera, me enfrento ante esa situación. Ante el final. Con un horario partido bastante horroroso que debe de ser compaginado con un curso que nunca acaba, siento miedo. Miedo de volver a sentirme como en el principio del todo, sola, triste y con un corazón oprimido por la angustia.

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